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jueves, 8 de marzo de 2012

EL SENTIDO TEOLOGICO Y ESPIRITUAL DE LA CUARESMA

1. La Historia
Hacia la mitad del siglo segundo aparece la preparación de la Pascua, entendida entonces como recuerdo de la muerte salvífica de Cristo (Viernes Santo). Algunas comunidades cristianas, en la Galia, ya practicaban el ayuno el Viernes Santo, las otras también lo hacían el Sábado Santo y alguna que otra también el Jueves Santo e incluso el Miércoles Santo. Los fieles en África, así como los de Roma aplicaban el ayuno el viernes y el sábado Santo. Las comunidades de Egipto conocían el ayuno semanal, aunque aquí se daba una cierta libertad.
La determinación de 40 días de preparación
La preparación de cuarenta días para la fiesta de Pascua fue introducida a comienzos del siglo IV d.C. Se estableció así el primer domingo de Cuaresma como comienzo de la preparación. Con el pasar del tiempo nació la convicción de que el ayuno constituía la más importante y casi la única forma de preparación para la Pascua. Pero dado que el domingo no se ayunaba, fue necesario adelantar el comienzo de la Cuaresma agregando los días que faltaban. Esto sucedió gradualmente y desde el siglo VII el Miércoles de Ceniza marcó el comienzo del período preparatorio para la Pascua.
La imposición de las cenizas
La imposición de las cenizas apareció en el siglo IX y estuvo relacionada con la penitencia pública (cuando un cristiano pecaba y comenzaba un camino de conversión, lo debía hacer públicamente). Con la desaparición de esta última, los sacerdotes comenzaron a imponerles las cenizas a todos los fieles. Los primeros testimonios de la bendición solemne de las cenizas se remontan al siglo X. La Iglesia de Oriente prolongó el período de preparación a ocho semanas y esto indujo también a la Iglesia de Occidente a extender el período de preparación con otros tres domingos antes de la Cuaresma.
2. Sentido teológico y espiritual
El camino de preparación de los catecúmenos
El período de la Cuaresma tiene una riquísima historia en la liturgia. Constituyó, en primer lugar, el tiempo de la preparación definitiva de los candidatos al bautismo, el cual se administraba en la vigilia pascual.
Los ritos ligados a esta preparación eran llamados “escrutinios”. Desde el s. V en Roma, se conocían tres escrutinios públicos en el tercer, cuarto y quinto domingo. Se les entregaban solemnemente –como toda una “transmisión”- a los candidatos los cuatro Evangelios, la profesión de fe y la oración del Señor. En esta preparación tomaba parte la comunidad de los creyentes, y de esta manera también la preparación al bautismo de unos era para los otros la ocasión de meditar en su propio bautismo.
Qué se hacía en esos días
El período de preparación de cuarenta días se constituyó en un período de la penitencia que con el tiempo se redujo principalmente al ayuno. El ayuno, inicialmente facultativo, se convirtió en costumbre, y desde el s. IV fue definido con prescripciones que en el Medioevo serán obligatorias para todos. Completaban al ayuno, la oración y la limosna.
La Iglesia de Roma instituyó una liturgia de las “Estaciones”, que con el tiempo fue acogida en muchas otras ciudades. Consistía en esto: el Papa, en los días de Cuaresma, celebraba la Misa en las diversas Iglesias de la Urbe con la participación del clero y de muchos fieles. En algunos días se reunía en una de las Iglesias, donde con el canto de las letanías se dirigía a la Iglesia de la “Estación” para celebrar la Eucaristía.
Las últimas semanas de la cuaresma estaban dedicadas a la meditación de la Pasión del Señor. La lectura del Evangelio de S. Juan demuestra la lucha de Cristo con los fariseos y pre-anuncia la muerte del Salvador. En la conciencia de los fieles, la meditación de la pasión de Cristo dominó la espiritualidad de este período. Se conoció entonces la costumbre de velar los cuadros y los crucifijos en los últimos días de la Cuaresma.
Nutrirse del pan de la Palabra en el desierto
Las palabras de S. Pablo: “Les suplicamos en nombre de Cristo: ¡déjense reconciliar con Dios! ¡Este es el tiempo favorable, este es el día de la salvación!” (2Cor 5,20; 6,2), demuestran lo que es la Cuaresma para la Iglesia y para cada creyente.


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